A menudo confundimos depresión con tristeza. No pocas veces decimos “estoy deprimido porque tal cosa no ha salido como esperaba”. En realidad la tristeza es una respuesta natural del ser humano con una función adaptativa muy importante: ayudarnos a asimilar la pérdida de algo querido. Facilita la introspección sobre nosotros mismos que nos da la oportunidad de llorarla, procesarla, calcular sus consecuencias y, pasado un tiempo, planificar un nuevo comienzo. La tristeza, como una emoción más, tiene diferentes cualidades, en un momento dado puede darse también una tristeza creativa, o nostálgica, es decir, aunque se sienta como desagradable o no demasiado agradable, no toda tristeza supone una reacción patológica.

¿Cuándo aparecen?

Sin embargo, en determinadas ocasiones, el sentimiento de tristeza, en lugar de ayudarnos a elaborar de forma adaptativa una pérdida, puede bloquearnos, anclarnos a un pasado asociado a la culpa, a la desesperanza o el fracaso, haciéndonos perder de vista el presente y alejándonos de nuestra ilusiones y alegrías. Tal estilo de tristeza cuando alcanza un determinado grado en cuanto a duración e intensidad puede dar lugar a lo que se conoce como depresión. La depresión es un trastorno, cualitativamente diferente a la tristeza, con consecuencias muy negativas para la persona que la padece y que puede durar meses o años, si no se recurre a su tratamiento. La depresión u otros trastornos del estado de ánimo, como la distimia, conllevan sufrimiento, bloqueos y dificultades de adaptación de la persona a su entorno que hacen que sean necesaria la atención de un profesional.

¿Cómo los tratamos?

El tratamiento de los trastornos del estado de ánimo debe ir encaminado en primer lugar a una correcta evaluación de la persona, los hechos más significativos de su biografía, su estilo de vida y actividades antes y después de padecer un bajo estado de ánimo, sus pensamientos, sus expectativas, sus atribuciones, autoestima… de cara a definir de la forma más clara y eficaz posible las causas de su problema, y con el fin diseñar el mejor tratamiento para ir mejorando su estado de ánimo. De ello dependerá la selección de las técnicas terapéuticas adecuadas para que sea la propia persona la que vaya recuperando la percepción de control y la motivación por encaminar mediante acciones concretas de nuevo su vida, recuperando la capacidad de disfrute y de deseo perdidas.

Para entender mejor los diferentes tipos de Trastonos del Estado de Ánimo y sus tratamientos específicos más adecuados:

Depresión

Distimia

Duelo

Trastorno Bipolar