El dolor es un mecanismo de superviviencia importante. Un dolor agudo es una señal de peligro que indica que algo no funciona y que hay que hacer algo para solucionarlo.

Pero los dolores crónicos tales como la artritis, reúma, distonía, cefaléas por estrés o tensión, traumatismos, etc., no poseen este sentido de superviviencia, mateniéndose incluso después de iniciar el tratamiento adecuado. El dolor crónico molesta, socava la energía e interfiere en el trabajo, en el pensar, en el dormir, en la diversión. Afortunadamente es susceptible de control mediante técnicas de intervención cognitiva del estrés.

Si fuera meramente un mecanismo para la supervivencia física, sería un fenómeno puramente físico, experimentado exactamente igual por todas las personas. Pero en realidad, la gente experimenta el mismo tipo de dolor de formas muy diferentes. Esto es así porque el dolor no se experimenta sólo físicamente, sino también emocionalmente y cognitivamente. En su teoría compuesta del control del dolor, Melzak y Wall (1965) denominaron a estos tres aspectos del dolor de la siguiente manera: aspecto sensitivo/discriminativo (sensaciones físicas), el aspecto motivacional/afectivo (sentimientos emocionales), y el aspecto cognitivo/evaluativo (pensamientos).

El parto es buen ejemplo de cómo los pensamientos y sentimientos pueden afectar a la experiencia del dolor. Los pensamientos, en especial en forma de imágenes visuales, pueden impregnar una función física natural con un aura de dolor o de placer tan vívida que los reflejos naturales queden alterados. El miedo al parto se aprende de las historias de los amigos y de las asociaciones tradicionales del ls dolencia con el parto. Este miedo produce tensión muscular, que el cerebro interpreta como dolor, y se instaura el síndrome de estrés. El ciclo temor/tensión/dolor produce realmente un dolor verdadero a través de un mecanismo de tensión patológica. Una posible solución sería sustituir el temor por imágenes agradables, formando un cortocircuito en el síndrome de estrés y reemplazándolo por un ciclo positivo de imágenes agradables que favorecen la relajación muscular y un parto relativamente indoloro.

La persona puede notar que ocasionalmente siente la primera punzada de un fuerte dolor de cabeza, espalda o estómago y se tensa, recordando los episodios previos de dolor y anticipando otro episodio. Este temor incrementa la tensión muscular y esta tensión contribuye al aumento de dolor.

La relajación progresiva de jacobson, por ejemplo, ayuda a controlar la sensación de dolor de dos maneras: primero, reduce la tensión muscular, formando un cortocuircuito en el síndrome del temor/tensión/dolor que a menudo incrementa la experiencia del dolor. Segundo, desvía la atención lejos de las sensaciones dolorosas. Según la teoría de Melzak y Wall, cambiar el centro de atención es la mejor táctica para controlar estas sensaciones. Es necesario, pues, refocalizar la atención porque no es posible, literalmente, sentir dolor cuando la atención está dirigida hacia otra parte.

La visualización para el control del dolor.

La visualización lleva la relajación un paso más allá. Además de reducir la tensión muscular y redirigir la atención fuera del dolor, los ejercicios de visualización pueden reducir realmente el dolor, manipulando imágenes asociadas al dolor.

Los ejercicios de visualización actúan directamente sobre los aspectos emocionales y cognitivos de la propia experiencia del dolor, aprovechándose de la habilidad para entender e interpretar la realidad simbólicamente. Pueden usarse los siguientes ejercicios para transformar el dolor en imágenes visuales que pueden, una vez en la imaginación, ser manipuladas.

Es importante memorizar, grabarse o disponer de alguien que esté leyendo cada uno de los siguientes ejercicios. Realizarlos sin prisa, ensayándolos unas pocas veces. Insistiéndose en aquellos que se encuentren más útiles.

Tamaño y forma

  1. Aprecia cualquier sensación dolorosa que exista en el cuerpo.
  2. Dale forma y tamaño.
  3. Incrementa su forma gradualmente hasta que sea tan grande como se pueda imaginar.
  4. Hazlo decrecer lentamente, más y más, hasta que vuelva a su tamaño original.
  5. Lentamente, hazlo enorme una vez más.
  6. Esta vez, cuando se haga decrecer gradualmente, deja que vuelva a su tamaño original y después prosigue disminuyéndolo hasta que desaparezca definitivamente.
  7. Aprecia cualquier cambio respecto a la intensidad del dolor.

Ejemplo: Si te duele la cabeza imagínalo como una línea quebrada de unos 15 centímetros de largo. Visualízalo después tan grande que ocupe completamente tu campo de visión. Disminúyelo y vuélvelo a agrandar. Cuando los disminuyas por segunda vez, redúcelo poco a poco a un diminuto punto hasta que finalmente desaparezca.

Luces de colores

  1. Aprecia el dolor que hay en el cuerpo.
  2. Imagina que el área que produce dolor desprende una intensa luz de color rojo.
  3. Imagina que del resto del cuerpo emana una luz blanco-azulada fría y relajante.
  4. Cambia la luz roja por la luz blanco-azulada y permite que una fresca ola de relajación tranquilizadora fluya por el área dolorida.
  5. Cambiar toda la luz blanca por la luz roja y sentir una ola de cálida relajación fluir por el cuerpo.
  6. Cambiar la luz roja por la luz azul-blanca y dejar que el cuerpo disfrute del estado de relajación fresco y tranquilizador.
  7. Notar algún cambio en la sensibilidad del dolor.

Color, forma y distancia.

  1. Aprecia el dolor que hay en el cuerpo.
  2. Dale una forma y un color.
  3. Cambia su forma y su color.
  4. Distánciate mentalmente de esta nueva forma coloreada, hasta que esté fuera de la conciencia.
  5. Nota si hay algún cambio en la intensidad del dolor.

Ejemplo: Si te duele el estómago, imagínalo de color rojo oscuro y como una bolsa pesada. Cámbialo a color verde y la forma de un plato volador. Entonces lánzalo y observa cómo el plato volador toma impulso y velocidad hacia el infinito, más allá de tu vista.

Dolor versus símbolos de relajación.

  1. Observa el dolor que hay en el cuerpo.
  2. Asócialo con un símbolo.
  3. Da un símbolo al concepto de relajación.
  4. Deja que estos símbolos interactúen de tal forma que se contrarreste el símbolo del dolor.
  5. Nota si hay algún cambio en la intensidad del dolor.

Ejemplo: Si te duele la cabeza puedes imaginar tu dolor como una ajustada banda de acero alrededor de la cabeza. Puedes imaginar como símbolo de relajación una varita mágica que lanza la banda al espacio. Cuando la banda vuele por los aires se convertirá por arte de magia en un delicado collar de oro.

Guante de anestesia.

  1. Si se es diestro, imagina que la mano izquierda se relaja más y más. A medida que se relaja se va haciendo cada vez más y más pesada.
  2. Imagina que la mano se sumerge lentamente en agua fría: las yemas de los dedos, todos los dedos, la palma y finalmente la mano entera. Siente la mano hacerse cada vez más pesada y relajada más y más.
  3. A medida que el agua se vaya enfriando más, nota que la mano se va entumeciendo y se siente un hormigueo. Concéntrate en las sensaciones de frío, hormigueo y entumecimiento, al tiempo que repites mentalmente «frío, hormigueo, y entumecimiento», lentamente, una y otra vez.
  4. Pellízcate la mano entumecida con la otra mano. Sólo se sentirá cierta presión, pero no dolor. Si hubiera dolor, se debería repetir el procedimiento anterior.
  5. Una vez entumecida la mano, desplaza el sentimiento de anestesia a otras partes del cuerpo, colocando la mano anestesiada sobre el área deseada y permitiendo que el sentimiento de anestesia invada esta área. Siente la sensación de frío, hormigueo y entumecimiento fluyendo hacia la nueva área y convirtiéndola en pesada, relajada y entumecida.

Ejemplo: Para calmar un dolor de muelas, después de entumecer la mano, póntela en la mandíbula y siente el frío y el entumecimiento aliviar tu dolor de muelas.

Recontextualizar

Otra forma de controlar el dolor mediante visualización es imaginar una causa diferente del dolor. Esto transforma el contexto en el que ocurre el dolor y lo convierte en más tolerable. Por ejemplo, cuando una persona siente el agudo latido del dolor de muelas, puede imaginar que está comiendo su helado favorito como un niño. El frío daña los dientes, pero su gusto es delicioso.

Las dolencias generales pueden transformarse en cálida arena que azota tu piel durante una tormenta en el transcurso de un excitante viaje por el desierto en caravana. El dolor de espalda puede imaginarse como un pequeño accidente gracias al cual se consigue en el último minuto de un partido de fútbol. Un dolor de garganta crónico puede atribuirse a los ininterrumpidas canciones durante la última semana de una magnífica gira musical. Cuanto más agradable sea la fantasía más tolerable será el dolor recontextualizado.