La pérdida de un ser querido supone un doloroso proceso de cambio y adaptación a una nueva situación más o menos largo. Este proceso es conocido con el nombre de duelo.

La intensidad y duración del duelo dependerá de diversos factores como, entre otros, el tipo de muerte, ya sea repentina o esperada, apacible o violenta, la intensidad de la unión con el fallecido, la edad, o las características de la relación que se mantenía con la persona fallecida, es decir, el grado de dependencia, de conflictos, de ambivalencia, etc., que existía. La duración del duelo por la muerte de una persona muy querida puede durar entre 1 y 3 años, y supone tomar conciencia del vacío dejado por la pérdida, mientras se soporta el sufrimiento y la frustración que conlleva tal pérdida.

Afrontar este cambio implica siempre una serie de consecuencias psicológicas que conllevan alteraciones emocionales, en el comportamiento, físicas o corporales, y lo que es más importante, pues influye de manera más directa sobre todo lo anterior, modificaciones de la manera que teníamos de pensar y entender la vida, el mundo y los que nos rodea.

El duelo es una situación y un proceso por tanto propio y connatural a la vida y al ser humano, y como tal debe comportar un desarrollo normal que con el tiempo desemboca en su resolución. Una persona podrá decir que ha superado un duelo cuando sea capaz de recordar al fallecido sin sentir dolor, cuando ha aprendido a rehacer su vida sin él o sin ella, cuando ha dejado de vivir evocando continuamente el tiempo pasado junto al fallecido, y cuando puede dedicar toda su energía al momento presente en que se desarrolla su vida y la de quienes la acompañan en ella.

Las reacciones habituales ante la muerte de un ser querido se pueden diferenciar entre:

Sensaciones en el cuerpo: fatiga, insomnio, sensación de falta de aire, opresión en el pecho o en la garganta, punzadas en el pecho, pérdida de fuerza, temblores, oleadas de calor, hipersensibilidad al ruido, visión borroso, dificultad para tragar, dolor de cabeza, nudo en el estómago, pérdida de apetito, etc.

Comportamientos: Llorar, hablar con el fallecido, querer estar sólo evitando a la gente, dormir poco o en exceso, distracciones, olvidos, falta de concentración, soñar y tener pesadillas, no parar de hacer cosas o apatía, falta de interés por el sexo.

Sentimientos: Negación o incredulidad, insensibilidad o aturdimiento, enojo, rabia o resentimiento, tristeza, miedo o angustia, culpa o autorreproches, soledad, alivio (al final de una larga o dolorosa enfermedad), sensación de ver u oír al fallecido, y cambios de humor.

Vamos a ver más en detalle estos sentimientos en primera persona:

Negación: Piensas: ¡No puede ser verdad, no es más que una pesadilla! Piensas y actúas como si tu ser querido siguiese vivo; si suena el teléfono piensas por un instante que es él. No has perdido la esperanza. Necesitas tiempo.

Insensibilidad: Es como si le estuviese pasando a otro. Nada parece real, te sientes embotada, como un autómata, incapaz de reaccionar… Piensa que este aturdimiento te está ayudando a ir asimilando la dura realidad.

Enojo / rabia / resentimiento: Te dices: ¿Por qué has permitido esto Dios mío? ¡Esos malditos médicos la dejaron morir! ¿Cómo me dejas ahora con todo lo que te necesito? ¡Todos siguen viviendo como si nada hubiera pasado! Estás rabioso contra todos y contra todo. El resentimiento forma parte de tu dolor y es algo normal. No luches contra él. A medida que tu dolor se vaya calmando irá disminuyendo.

Tristeza: Siento una pena muy grande, lloro por cualquier cosa. La tristeza es el sentimiento más común y puede tener muchas formas de expresarse: llanto, pena, melancolía, nostalgia… Date permiso para estar triste, para llorar. No te preocupes si lloras mucho o poco, el llanto no es la medida de tu amor, sino parte de tu propia expresividad.

Miedo /Angustia: Estoy asustado, ¿qué va a ser de mí? Te sientes inquieto/a, confuso/a, desesperado/a. Tienes miedo de volverte loco/a. Estos sentimientos tan intensos y desagradables son algo natural y pasajero.

Culpa / autorreproches: Si al menos hubiera sido más cariñoso/a, hubiera llamado la médico antes, tenido más paciencia, le hubiera dicho más a menudo lo que quiero. La lista puede ser interminable. El pasado no puede cambiarse y ya tienes bastante sufrimiento para castigarte de esa manera. No olvides hacer una lista con todo lo que hiciste por tu ser querido.

Soledad: Me siento tan solo/a ahora. Es como si el mundo se hubiera acabado. Son tantas cosas vividas y compartidas juntos que vas a necesitar tiempo para estar sin él o sin ella.

Alivio: Gracias a Dios que todo ha terminado: El final de una larga enfermedad se puede vivir como una sensación de alivio y de descanso.

Sensación de oír y ver al fallecido: Me parece que me sigue llamando por la noche. El otro día me pareció verlo entre la gente. Parece que le oigo entrar por la puerta. Son sensaciones pasajeras absolutamente normales después del fallecimiento de una persona querida.

Ambivalencia / cambios de humor: Hace un momento me sentía agradecido a los amigos por su ayuda y ahora los mandaría todos a la mierda. Puedes estar tranquilo/a en un momento dado y alborotado/a en el instante siguiente. Los sentimientos pueden ser cambiantes y contradictorios. Acéptate así, imprevisible.

A nivel de creencias la persona que sufre un duelo experimenta que la vida o el mundo contradicen ciertas creencias o expectativas fundamentales que tenía sobre la misma vida, haciendo que la forma de ver las cosas cambie, con lo que el mundo se tiende a percibir durante las primeras fases del duelo como un lugar inseguro, impredecible o incontrolable, al contrario de cómo la persona lo había visto antes del fallecimiento de su ser querido. El futuro deja de existir y cosas a las que concedíamos importancia, se ven entonces como absurdas. En consecuencia los sentimientos y las emociones que experimentan tienen que ver con la inseguridad, la preocupación, y la ansiedad, lo que hace que disminuya la autoestima.

Los pasos que atraviesa una persona que sufre un duelo se pueden concretar en cuatro:

En primer momento acontece al choque de la noticia del fallecimiento, donde aparecen sentimientos de embotamiento, sorpresa, incredulidad. Aún no aparece ninguna reacción emocional pues no se ha asimilado lo ocurrido. Este primer paso puede durar desde unas horas a varias semanas.

El segundo paso comienza cuando la persona toma consciencia de la realidad de la muerte y su significado, reaccionando ante ello. Se producen sentimientos de ansiedad, ira, culpa, preocupación por el fallecido, impotencia. Su duración puede ir de uno a varios meses.

El tercer paso por el que atraviesa la persona en un duelo normal, hace que experimenten sentimientos de soledad, tristeza, desesperanza; pérdida de capacidad para disfrutar las cosas, y pueda buscar aislarse socialmente. Este periodo puede durar varios meses

Por último el cuarto paso al que llega la persona en duelo la lleva a ir encontrándose mejor poco a poco, mientras los sentimientos van desapareciendo. Recupera también poco a poco sus ilusiones y comienza hacer planes de futuro. Empieza a rehacer su vida sin el recuerdo recurrente del fallecido. Esta última etapa se alcanza después del primer año, si bien esto depende del tipo de duelo.

Cómo afrontar entonces el proceso de duelo ante la muerte de un ser querido.

Se suele decir que el tiempo lo cura todo, pero el tiempo por sí solo no resuelve nada, si la persona no madura y elabora de forma saludable su propio duelo durante ese tiempo.

Recomendaciones para elaborar y aliviar el dolor de la pérdida.

Date permiso para estar en duelo: El momento de dolerse es ahora, aunque pienses que es mejor para no sentir dolor, o evitarlo con distracciones, pues tarde o temprano el dolor debe salir a la superficie. Debes aceptar el hecho que durante un tiempo estarás menos atento e interesado en tus ocupaciones habituales o con tus amigos, que tu vida va a cambiar y con ello algunas de tus costumbres.

Deja sentir dentro de ti el dolor: Siente y expresa las emociones que vayan surgiendo, no las pares. No te guardes las emociones para hacerte el fuerte, y de esta manera el dolor irá disminuyendo con el tiempo. Expresar lo que sientes por la muerte de tu ser amado: rabia, tristeza, dolor, miedo… es parte del camino que tienes que recorrer.

Date tiempo para sanar: el duelo por una persona muy importante suele durar de 1 a 3 años. Eso significa que puede haber recaídas. Hoy puedes estar bien y un suceso inesperado, una visita, el aniversario, las Navidades hacen que te sientas como al principio, que vas para atrás, aunque no sea así.

Un momento difícil puede ser a los 6 meses del fallecimiento, cuando los demás comienzan a pensar que ya tienes que haberte recuperado, y no prestan acompañamiento.

Se paciente consigo mismo: aunque las emociones pueden ser muy intensas, son pasajeras. Procura vivir el presente, por duro que sea. Quiérete, se amable contigo.

No temas volverte loco: Puedes vivir sentimientos intensos de tristeza, rabia, culpa, confusión o abatimiento, deseos de morir… Son reacciones habituales y normales después del fallecimiento de un ser querido.

Aplaza las decisiones importantes: vender la casa, dejar el trabajo, marcharte a otro lugar… es preferible dejar esto para más adelante. En los momentos intensos de duelo es difícil pensar con claridad, y más tarde podrías lamentarlo. Tampoco es conveniente iniciar una nueva relación afectiva como una nueva pareja, o un embarazo… mientras no hayas resuelto adecuadamente la pérdida.

No descuides tu salud: Transcurridos los primeros días resulta muy útil que te hagas un horario (hora de levantarte, comidas, hora de acostarte…) y los sigas. Aliméntate bien y cuida tu cuerpo. No abuses del tabaco, alcohol, tranquilizantes… Durante el proceso de duelo somos más susceptibles de sufrir enfermedades. Si padeces alguna enfermedad crónica no abandones los cuidados habituales ni los tratamientos con la escusa de que te todo te da igual.

No te automediques: Si para ayudarte necesitar tomar algún medicamento, éste debe ser siempre prescrito por un médico y nunca por consejos familiares, amigos o vecinos bienintencionados. Debes tener en cuenta que tomar medicamentos para no sentir puede contribuir a cronificar el duelo.

Busca y acepta el apoyo de los demás: Sigue quedando con los demás. Necesitas su presencia, su apoyo, su preocupación, su atención… Dale la oportunidad a tus amigos y seres queridos de estar contigo. Piensa que pueden querer ayudarte, pero no saben la manera de hacerlo. Puede temer ser entrometidos o hacerte daño si te recuerdan la pérdida. No esperes su ayuda y pídeles lo que necesitas.

Procura ser paciente con los demás: No hagas caso de las personas que te digan cómo debes sentirte y por cuanto tiempo. Sentirás que algunas personas no te comprenden lo que está viviendo, e intentarán hacer que te olvides de tu dolor, pero comprende que lo hacen para no verte triste. Piensa que quieren ayudarte, pero que no saben como hacerlo. Busca personas de confianza que te permitan “estar mal” y desahogarte sin miedo cuando lo necesites.

Date permiso para descansar, disfrutar y divertirte: Date permiso para sentirte bien, reír con los amigos, hacer bromas… Tienes perfecto derecho y además puede ser de gran ayuda que busques, sin forzar tu propio ritmo, momentos para disfrutar. Recuerda que tu ser querido querría lo mejor para ti y que los “malos momentos”, vendrán por sí solos.

Confía en tus propios recursos para salir adelante: Recuerda que pudiste resolver otras situaciones difíciles en la vida. Repítete a menudo: “algún día encontraré mi serenidad.”

 Si ves que pasado un tiempo…

Te sigues sintiendo atrapado en tu sufrimiento.

El abatimiento se hace más profundo

Dependes más de los medicamentos o el alcohol.

El deseo de morir se hace más intenso…

Busca un profesional que te ayude a elaborar tu duelo de forma adecuada.

Porque no es más fuerte quien no necesita ayuda, sino quien tiene el valor de pedirla cuando la necesita.