El bruxismo viene a conocerse popularmente como el hábito o la pulsión no controlada de apretar o rozar entre sí intensamente los dientes.

Bruxismo
El bruxismo viene a conocerse popularmente como el hábito o la pulsión no controlada de apretar o rozar entre sí intensamente los dientes (oyéndose en ocasiones un característico sonido de rechinar de dientes), produciendo de esta manera una serie de alteraciones físicas, como desgaste en los propios dientes, dolor en las encías, dolor al masticar, y dolor de cabeza; así como alteraciones psicológicas, como intranquilidad o ansiedad. Los partes anatómicas implicadas son los músculos masetero y temporal, que dan movilidad a la mandíbula. El bruxismo suele ser nocturno y producirse durante el sueño de la persona aquejada, concretamente en la fase II y la fase MOR del sueño, pero también existe una variedad de bruxismo diurno, en el que la persona se sorprende en ocasiones apretando los dientes, con una gran tensión y rigidez mandibular. En los casos más extremos de bruxismo destructivo se producen daños graves en la piezas dentales, así como enfermedad articular degenerativa en la articulación temporo-mandibular.

La etiología del bruxismo no está clara, existiendo diversas opiniones contrapuestas al respecto. Desde un punto de vista odontológico o estructural, se ha postulado que interferencias oclusales provocarían los movimientos disfuncionales de la mandíbula, sin embargo no se ha podido encontrar ninguna evidencia apoyada estadísticamente que correlacione la maloclusión o la malformación mandibular y el bruxismo.

Para el modelo funcional, por el contrario, los factores psicológicos y el estrés son importantes a la hora de promover y perpetuar dicho hábito. En este sentido, diversas investigaciones sí han podido establecer una correlación entre estrés y bruxismo. Y si bien se sigue manteniendo que los factores etiológicos del bruxismo son de naturaleza muy diversa, existe un acuerdo entre la mayoría de los investigadores en considerar el bruxismo como un patrón consistente de ansiedaddolor y tensión muscular. De todas formas, también hay que tener en cuenta, que aunque estos componentes se den en muchos pacientes, no significa necesariamente que sean factores etiológicos.

En otras ocasiones el bruxismo puede estar motivado por malas posturas: encorvarse en un escritorio durante horas, tener una mala postura para ver la televisión o leer, colocar el monitor del ordenador demasiado alto o bajo, dormir en una posición incómoda. También las caídas o los accidentes traumáticos pueden causar lesiones cervicales que dejan el bruxismo como consecuencia. Incluso se ha observado un aumento de la tensión arterial y de la tensión intraocular -glaucoma- asociados de forma coetánea al bruxismo.

Con relación a la incidencia y prevalencia del bruxismo se ha estimado que hasta un 30% de los pacientes que acuden al dentista padecen o han padecido bruxismo. Y en cuanto a la población general se estima que la incidencia del bruxismo en la edad adulta anda entre el 5% y el 10%. Caso particular a destacar es que entre el 41 y el 58% de los deficientes mentales padece bruxismo, por lo que su prevalencia en esta población es muy elevada.

Por lo que respecta al tratamiento del bruxismo el tratamiento odontológico, que atribuye al bruxismo una etiología orgánica, ha utilizado tres tipos de tratamientos: el ajuste oclusal, consistente en la restauración de la oclusión por medio de la equilibración de los dientes, a través del limado selectivo de los mismos, ante el cual se ha criticado que no existe evidencia de que el bruxismo esté causado por un desajuste oclusal; la utilización de ajustes oclusales, como férulas y dispositivos interoclusales, construidos en material acrílico que previenen el contacto entre los dientes mandibulares y maxilares, aunque es un tratamiento más bien paliativo; y finalmente, la utilización de relajantes musculares, tales como el diazepam entre otros, sin embargo cuando ésta se suspende el bruxismo alcanza los niveles iniciales.Por su lado, los tratamientos psicológicos, en consonancia con la comprensión del modelo funcional, han dividido sus intervenciones según fuera el tipo de bruxismo, ya nocturno o ya diurno, entendiendo, en función de qué autores, que sus causas son diferentes. En el caso del bruxismo nocturno se han utilizado básicamente 4 tipos de intervenciones:

  1. Las técnicas de relajación, al suponerse que factores como la ansiedad y el estrés juegan un papel importante en la etiología y mantenimiento del bruxismo, utilizándose preferentemente el entrenamiento en relajación neuromuscular progresiva de Jacobson.
  1. La práctica masiva, basada en la teoría del aprendizaje de Hull, que parte del supuesto de que el comportamiento bruxista es una respuesta aprendida que se refuerza por el «alivio de la tensión», siendo el objetivo del tratamiento que mediante la práctica voluntaria y masiva del hábito se desarrolle fatiga que a un determinado nivel produzca inhibición reactiva, es decir que el paciente no sea capaz de ejecutar el hábito. Los resultados que se han obtenido con dicha técnica han sido contradictorios.
  1. El biofeedback asociado con relajación facial basado en el hecho de que uno de los aspectos más característicos del bruxismo es el incremento en la actividad eletromiográfica de determinados grupos musculares, fundamentalmente los maseteros. Puesto que la actividad electromiográfica del masetero puede ser controlada voluntariamente cuando se recibe feedback visual y/o auditivo de la misma, el principal objetivo de entrenamiento en biofeedbak será que el paciente aprende a diferenciar entre niveles altos y bajos de tensión del músculo masetero, a través de la información que le proporciona el aparato de biofeedback. Algunos autores combinan esta práctica con el entrenamiento en relajación de los músculos faciales, para mejorar la eficacia del biofeedback. En este sentido son varios los estudios que han señalado le eficacia de este tratamiento en la reducción significativa de los niveles de dolor facial.
  1. El feedback electromiográfico con alarma contingente a episodios nocturnos de bruxismo se ha usado partiendo de la teoría de los dos factores de Mowrer y Mowrer, de 1938, que también ha influido en el diseño de un tratamiento similar para la enuresis nocturna infantil. De esta manera, determinados umbrales de tensión muscular, identificados como actividad electriomiográfica pueden emplearse para definir la existencia de actividad bruxista en el paciente dormido, de tal manera que el aparato de biofeedback dispare una alarma que despertará al paciente, sometiéndole a un tipo de condicionamiento operante de castigo. Una vez despertado el paciente debe apagar la alarma y levantarse para anotar diversos aspectos relacionados con la calidad del sueño. Los resultados obtenidos con esta técnica, según diversos estudios, parecen prometedores.

Respecto al bruxismo diurno se han empleado dos técnicas de intervención:

  1. La reversión del hábito, consistente en dos fases. En la primera se enseña al paciente a ser consciente de la ocurrencia del hábito y a emitir una respuesta opuesta. En la segunda fase se entrena al paciente para que pueda identificar que situaciones o personas pueden provocar que el hábito se dispare. El objetivo básico es pues la interrupción de la respuesta de bruxismo, y la emisión de una respuesta incompatible, reforzando conductas adaptativas y funcionales.
  1. El uso de procedimientos de condicionamiento aversivo, que consisten en tratar de asociar de forma contingente el estímulo que elicita el bruxismo, con alguna experiencia desagradable, con el fin de que disminuya su frecuencia. Este procedimiento se ha usado preferentemente con pacientes que no pueden hacer uso de otros tratamientos, tal es el caso principalmente de pacientes con déficits intelectuales profundos, comprobándose que este procedimiento consigue reducir considerablemente los episodios bruxísticos.